PREGUNTA: “Tengo dos años de casado. Con mi esposa no tuvimos relaciones sexuales durante el noviazgo y ahora que estamos casados, cuando vamos a tener relaciones, a ella le gusta disfrazarse. Se pone medias de red y otros trajecitos con los que pretende provocarme. Le gusta usar jaleas y otras cosas como aceites, dice que para aumentar el placer. ¿Qué se le está pasando la mano?”
RESPUESTA:
Su mayor problema es lo que usted considera normal, apropiado, sensato y correcto en una relación sexual. Me parece que la iniciativa, creatividad y originalidad de su esposa en lo que a la actividad sexual se refiere lo tiene agobiado y sorprendido. Su esposa ha roto el estereotipo que en una sociedad como la nuestra, machista y pene centrista, se tiene de una esposa: que ella debe ser recatada, sumisa, no tomar la iniciativa en lo que relaciones sexuales se refiere, sino que debe estar a la “disposición del marido”.
Perdone, pero repito aquí expresiones que regularmente escucho en mis pacientes, ya sean hombres o mujeres, cuando se refieren al comportamiento sexual de la mujer. Desde el punto de vista profesional, no me parece que haya algo anormal en el comportamiento sexual de su esposa, al menos tal y como usted lo describe. Me parece que toda esa creatividad que ella ofrece debería servir para aumentar los niveles de deleite y disfrute sexual en su vida conyugal. De esta manera no me sorprendería que su esposa además de vestirse de colegiala o de enfermera o de lo que ella quiera, y usar medias de red, jaleas, aceites o jugos; de pronto le sugiera poner velas aromáticas, inciensos, tomarse fotos o grabarse en video mientras hacen el amor. El comportamiento sexual de su esposa no es el problema. Me parece que la dificultad está en la visión bastante rígida que usted tiene. Debo decirle que en lo referente a las relaciones sexuales todo está permitido, siempre y cuando ambos estén de acuerdo y lo que se haga no ponga en peligro la integridad física y emocional de la pareja. Usted debería disfrutar plenamente la capacidad que tiene su esposa para explorar su vida sexual y de esta manera enriquecer sus experiencias íntimas. Relájese, disfrute, aporte algo usted también, atrévase a sugerir algo, fantasee usted también. Lo que hagan como esposos, con amor, como pareja adulta, no puede ser pecaminoso ni moralmente malo. Hable francamente con su esposa exponiéndole las preocupaciones que usted tiene y sus puntos de vista para encontrar el equilibrio en esto que para usted es incómodo. Pero no para evitar que la creatividad de ella se exprese, porque se corre el peligro que ella se enfríe y disminuya el interés sexual en usted.