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Sendas y surcos
Elecciones y gobernabilidad



Juan Héctor Vidal
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

opinion@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/13/2008

 

Por más que uno trate de ser optimista acerca de las próximas elecciones, siempre encuentra en el tema de la gobernabilidad un motivo de enorme preocupación. Los sentimientos de aprehensión que se detectan en amplios sectores de la población contaminan hasta a quienes ven el cambio como una cosa natural, pero cuyo ánimo se vuelve permeable ante la incertidumbre que provocan las actitudes de los derrotistas y las actuaciones de la clase política.

Seguramente en otras circunstancias, ese sentimiento de preocupación estaría afectando fundamentalmente a quienes creen que la única opción sigue siendo el partido gobernante, más allá de las penurias y de las aflicciones que podrían estar pasando por la acuciante situación económica, la delincuencia generalizada y la debilidad institucional, entre otras razones. Sin embargo, el nebuloso panorama se extiende más allá de las fronteras ideológicas en que se mueve el partido ARENA.

Es cierto que la designación del Ing. Zablah como compañero de fórmula de don Rodrigo ya contribuye a definir en gran medida el posicionamiento y la fortaleza de ARENA frente a su principal adversario; sin embargo, ello no despeja totalmente las dudas sobre los alcances de los supuestos forcejeos que la precedieron. Es más, si ARENA no da muestras fehacientes de que en esa decisión primó la firme determinación de su candidato presidencial —y no las presiones que sobre él supuestamente estaban ejerciendo determinados grupos en pro o en contra de don Arturo—, se puede correr el riesgo de que en este caso se repliquen las contradicciones que estamos viendo entre la línea ortodoxa del FMLN y su candidato.

Para muchos, el éxito de ARENA —hasta ahora— ha sido producto de su capacidad para reinventarse con cada elección. Nosotros nunca hemos compartido ese criterio porque lo consideramos demasiado simplista. Más bien, pensamos que su permanencia en el poder ha sido resultado, al menos en las últimas dos elecciones, del temor. Hay que recordar que en los comicios de 1994, a pesar de la prolongada luna de miel que mantenía buena parte de la población con el presidente Cristiani, se tuvo que ir a una segunda vuelta. La razón nosotros la ubicamos en que en aquella ocasión la izquierda radical del país llevaba como candidatos a unos personajes que no despertaban tanto miedo.

Hoy las cosas son similares y el FMLN se presenta con una persona de izquierda “light”. Al momento, todo indica, a juzgar por las encuestas, que en esta oportunidad dieron en el clavo, independientemente de que las preferencias reflejen la popularidad de su candidato, de que la población no sienta temor por su procedencia o porque realmente la mayoría ya quiere un cambio. Pero igual, existen dudas de quién sería el poder detrás del trono en la eventualidad que el electorado lo favorezca con el voto, más allá de sus intentos —creo yo honestos— de marcar distancia de la línea ortodoxa del partido.

Esto último nos lleva a retomar lo que decíamos antes. Honestamente, no estamos en condiciones ni siquiera de insinuar cómo se definió al final la candidatura del Ing. Zablah; lo único que podemos hacer es retomar el supuesto gran forcejeo que, según los medios, precedió a esa decisión. Y es aquí donde está el quid de todo. En el supuesto que fue el Ing. Ávila quien impuso su autoridad ¿se sentirán todos confortables con la decisión? Esto incluye —supuestamente— al presidente Saca y su grupo, a funcionarios de anteriores gobiernos y, desde luego, a los poderes fácticos. Ergo: la unidad del partido gobernante nunca fue tan necesaria.

Aun así, el panorama sigue siendo incierto para el grueso de la población. De hecho, no solo está preocupada por quién será el futuro presidente; también lo está por la gobernabilidad del país.