Ayer, la narcoguerrilla terrorista colombiana de las FARC recibió un golpe francamente demoledor, cuando un operativo de inteligencia militar logró el rescate de 15 rehenes de los más emblemáticos que tiene dicho grupo en su poder desde hace muchos años. Los 15 liberados son la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, 3 norteamericanos y 11 miembros del Ejército de Colombia. Esta operación liberadora sin precedentes no se da en el vacío: las FARC vienen recibiendo, en los últimos tiempos, un golpe tras otro, comenzando por la muerte de su dirigente histórico Manuel Marulanda, que ya era un símbolo prehistórico, y del segundo de éste, Raúl Reyes.
Lo que pasó ayer, de tanta justicia para los rehenes, es también una recompensa al estoicismo del pueblo colombiano; y constituye a la vez una extraordinaria reafirmación institucional, pues queda demostrado que los entes legales son capaces de ganar la batalla definitiva contra las fuerzas oscuras del terrorismo y del narcotráfico, es decir, del crimen organizado en algunas de sus peores expresiones.
A estas alturas del tiempo, no hay guerrilla que tenga ningún futuro. Esto ha tenido que reconocerlo aún el Presidente Hugo Chávez, sostenedor de esa caricatura que se ha dado en llamar “socialismo del siglo XXI” y aliado confeso de grupos irregulares. En realidad, estamos en la época de la construcción de verdaderas democracias, porque los procesos tanto nacionales como regionales y globales llevan hacia eso. No hay violencia, ideológica o armada, que pueda detener esta corriente de modernización. Los que sigan soñando con revoluciones imposibles están condenados a perecer en el engaño.
HAY QUE POTENCIAR LAS DEMOCRACIAS
Lo que ha venido ocurriendo en semanas recientes desde que se conocieron los contenidos de las famosas computadoras que tenía Raúl Reyes en su campamento en suelo ecuatoriano no es puramente circunstancial. Ese material abrió la puerta para precisar múltiples complicidades, que se conocían en forma general, pero de las que no había comprobaciones detalladas. A las FARC les está llegando su momento sin retorno, y eso lo saben aun sus simpatizantes más contumaces.
Hasta nuestro país llegan los coletazos, que tocan al partido más grande de la oposición, el FMLN. El hecho de que este partido no haya podido, hasta hoy, deslindarse institucionalmente de los evidentes nexos de algunos de sus miembros más poderosos con las FARC, y no en temas ideológicos sino en negocios turbios, es una de las peores señales que dicho partido puede enviar sobre su voluntad de ganar credibilidad real ante importantes sectores de la población. Ya las FARC no son capaces de esconder su decadencia irremediable, y esa decadencia puede arrastrar a muchos.
De todo lo que está pasando en los distintos entornos latinoamericanos, lo que queda más en claro es la necesidad de hacer redoblados e incansables esfuerzos para potenciar nuestros procesos democráticos. Sólo ahí está la clave de nuestra supervivencia como naciones en vías de consolidar sus respectivos regímenes de libertades, que aún tienen muchos flancos abiertos y muchas debilidades estructurales.