El interés de John McCain en América Latina no es reciente. En su historial sobran ejemplos de su apoyo a los tratados de libre comercio con México, Chile, América Central y por supuesto, al todavía no materializado con Colombia.
También habría que reconocerle al senador por Arizona sus esfuerzos por impulsar una ley de reforma migratoria integral en el Congreso valiéndose de sólidos argumentos económicos e inspirado por una profunda convicción humanista.
Por último, no se debe ignorar su infatigable celo por asistir a los países que luchan contra los cárteles de la droga, disfrazados de guerrilleros marxistas como en el caso de Colombia o desfachatadamente mercenarios como sucede en México.
A pesar del probado expediente, no han faltado voces críticas que hoy cuestionan la sensatez de su decisión de viajar a Colombia y México esta semana. Ingenuamente, le regañan recordándole que la gente que vive en América Latina o en Canadá, otro país que McCain visitó a finales del mes pasado, no vota en las elecciones norteamericanas.
También le acusan de insensibilidad para detectar las prioridades de los votantes que según indican las encuestas nacionales son de índole doméstico, no internacional, y tienen que ver con el estado de la economía y la inseguridad laboral. La gente común y corriente, que son el grueso de los votantes, ve el futuro con ansiedad porque teme perder su trabajo, su casa y sus posibilidades de vivir una vida mejor.
Tampoco han faltado los cínicos que aseguran que con este viaje lo que McCain busca es congraciarse con los 9.3 millones de latinos que se espera salgan a votar en la elección de noviembre de 2008.
Más allá de las especulaciones, el viaje de McCain a Colombia (1.º y 2 de julio) y México (3 de julio) no solo es coherente con su trayectoria política sino que marca una nueva pauta. Como apunta Chris Sabatini, editor en jefe de America's Quaterly, la revista del Consejo de las Américas con sede en Nueva York, “que un candidato estadounidense viaje a América Latina durante su campaña presidencial es una acción sin precedentes que aquilata debidamente la importancia estratégica y personal que Estados Unidos le da a la región y nada tiene que ver con el voto acá”.
Concuerdo con Sabatini y agrego datos para situar el viaje de McCain en el contexto global en el que se ha debatido esta insólita campaña presidencial estadounidense.
El hallazgo más interesante de la última encuesta internacional del Centro de Investigaciones Pew para medir la opinión personal de 25 mil personas en 24 países divulgado el mes pasado fue que aunque sigue siendo mayoritariamente negativa la imagen de Estados Unidos ha experimentado una leve mejoría. Con esta son ya 7 encuestas del Pew entrevistando a más de 180,000 personas en 54 países.
En términos generales, los analistas del último estudio atribuyen la mejoría en la imagen del país a dos factores: uno, que el mundo entero celebra el inminente e inexorable fin de la nefasta presidencia de George W. Bush. Aunque el índice de desaprobación de la política exterior de Bush sigue en aumento y ahora oscila entre el 65 y el 70 por ciento, por lo menos en 10 de los países donde se realizó la encuesta hay muestras de mejoría de la imagen del país. El otro factor importante es la convicción de la opinión pública mundial, aquí sí generalizada a todos los países, de que el nuevo presidente, quienquiera que este sea, se apartará del camino tomado por Bush. Y esto sucede sin que haya habido de por medio un solo cambio significativo en la política exterior actual del país. Es simplemente el triunfo de la esperanza.
Otro descubrimiento de la encuesta del Pew es que la Obamanía también ha prendido en los 24 países donde realizaron la encuesta. El índice de aprobación de Obama es mucho mayor que el de McCain, aunque aquí habría que aclarar que quienes tienen una visión favorable de Obama no necesariamente saben mucho del candidato ni tienen una visión clara de sus propuestas.
Sería un craso error esperar que este 4 de julio McCain regrese con un portafolio lleno de acuerdos con los presidentes de Colombia y México. El propósito del viaje fue simbólico. Lo que sí es probable es que la derecha antiinmigrante más recalcitrante se lo reclame y que algunas organizaciones no gubernamentales le recriminen por no sermonear a Uribe sobre derechos humanos.
En este sentido, habría que recordar que McCain tiene una bien ganada reputación de actuar de acuerdo con sus principios sin importarle si sus acciones tendrán consecuencias negativas.