La marcha de los cántaros se toma la capital

Una multitud de personas recorrió varias calles de San Salvador para expresar su descontento con la situación hídrica del país. El movimiento exige al Gobierno mayor acceso y calidad del agua potable.

Jéssica Ávalos
social@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 10/6/2007

Centenares de cántaros circularon ayer en los alrededores de las fuentes Beethoven, de la colonia Escalón. Los depósitos de plástico fueron los insumos con los que casi 5,000 personas, que pertenecen a unas 120 organizaciones sociales, se movilizaron por varias calles de San Salvador para celebrar el Día Interamericano del Agua.

María Luisa Deras estaba entre esa multitud. La mujer de 29 años llegó a las 9 de la mañana a la concentración. Traía en brazos a su hija de cuatro meses y a otra pequeña de ocho años sujeta a su pantalón. Deras vive en Ciudad Arce, a su casa no llega ni una gota de agua desde hace tres meses. Tiene que levantarse por la madrugada para intentar conseguir una barrilada para el consumo de sus cinco hijos. “Con lo que se gana, no ajusta para pagar el agua y la comida. He venido porque tengo fe de que en cualquier momento esa situación puede cambiar”, comentó la mujer, mientras se integraba a una de las filas en el paseo General Escalón.

Motivos como el de María Luisa abundaban entre la gente. El Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) —uno de los organizadores de la marcha— resumió en tres las necesidades de todos esos participantes: mayor inversión en agua potable rural, aprobación de un marco legal y redistribución de los subsidios del agua.

“El Estado está invirtiendo menos del 0.03% del producto interno bruto (PIB) en agua. Si por lo menos le asignara el 1%, la situación mejoraría enormemente”, reflexionó el director del CDC, Armando Flores.

Esos pensamientos se veían acompañados por tambores. A las 9:45 a. m. empezó la marcha. Chichimecos, batucada, porras, banderas, vejigas, pitos y disfraces le ponían color al encuentro. Pero esos detalles se perdían entre los grupos de gente que abarcaba ya las siete cuadras del paseo.

El bloque de las mujeres encabezó el recorrido. “Arriba los cántaros”, gritaban a la altura del Salvador del Mundo. Media hora había transcurrido desde su partida y el sudor ya se había apoderado de sus frentes. Aun así seguían gritando.

Un elemento, sin embargo, robaba la mirada de los participantes. Una comisión de Estados Unidos había decidido poner pie en la actividad. Se trataba del ex embajador estadounidense en este país Robert White; de Katherine Kennedy, sobrina del ex presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, y de la delegada estatal de Maryland, Ana Sol Gutiérrez. Los tres caminaron con el mismo objetivo: apoyar para exigir mayor calidad y acceso al agua.

“Nosotros no deberíamos estar aquí, porque El Salvador no debería estar en esta situación. Es increíble que la situación del agua en este país tenga que compararse con países como Haití”, criticó la senadora de Estados Unidos Ana Sol.

Eran casi las 11 de la mañana y el calor había empezado a caldear. María Luisa Deras seguía caminando entre el gentío. Y su hija Judit, de cuatro meses, había enrojecido por el sol. El cansancio les estaba dominando. Lo que le distrajo un poco fue el paso del grupo Gay sin Fronteras, que se había unido a la marcha. Los miembros de ese movimiento vistieron trajes típicos y pelucas de varios colores a modo de participación.

Pasaron dos horas y la mancha de gente se acercaba a la Asamblea Legislativa. Las voces se oían menos y el paso se lentificó. “Esto no es nada, niña. Son más las cuatro horas que tengo que caminar cuando voy a buscar el agua en Arcatao”, comentó Sofía Castro, de 63 años, quien sostenía a media cintura su cántaro, al caminar sobre la alameda Juan Pablo II.

Quince minutos después, lograron su objetivo. Estaban parados frente a la Asamblea Legislativa. Ahí les esperaba una comisión de diputados. También estaba la rectora saliente de la Universidad de El Salvador, Isabel Rodríguez, y personal de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Los participantes, que minutos antes se habían opacado por el cansancio, volvieron a alzar sus cántaros en señal de celebración. Una pieza de correspondencia entregada en la Asamblea se convirtió en el sello de cierre de la actividad. Era el momento del retorno. Todos acompañados por sus cántaros vacíos.

FOTOS DE LA PRENSA/Ana María González