El Salvador cuenta con un sistema bancario importante, pero muchos analistas consideran que aún se necesita hacer grandes esfuerzos para bancarizar, principalmente en zonas rurales. Uno de los intentos por llevar el banco al campo es el que realizará la Federación de Cajas de Crédito y Bancos de los Trabajadores (FEDECREDITO) el año que viene. Su presidente, Armando Rosales, revela que preparan una serie de productos que irán más allá de los créditos normales que otorgan, como puede ser una tarjeta de crédito para el sector.
De dar resultado el plan, FEDECREDITO, una institución financiera no bancaria, bien podría ser ejemplo a seguir para el sistema bancario tradicional no solo en El Salvador, sino en la región.
De hecho la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), viene discutiendo el tema de la bancarización y se encuentra con el hecho de que este tipo de servicios es extremadamente limitado para la gente pobre.
La presidenta del Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros de FELABAN, Liliana Rojas-Suárez, analiza que las zonas rurales están muy poco exploradas, y anota varias dificultades: la población del campo no está muy informada ni educada en servicios financieros, no tiene mayor acceso a estos y no cuenta con garantías suficientes como para ser sujeta a, por ejemplo, un crédito.
La educación para los pobres pasa por la dificultad de que consideran que un préstamo solo sirve para tener capital, y no entienden que con ese dinero está la llave para su desarrollo, añade.
En el caso de las garantías, el sistema FEDECREDITO y otras instituciones financieras no bancarias, se valen de una tecnología según la cual las personas y las micro y pequeñas empresas pueden acceder a un préstamo siguiéndole su “moral de pago”.
Los bancos tradicionales, a juicio de Rojas-Suárez, requerirían por lo menos para otorgar un crédito hipotecario que los pobladores de las zonas rurales sean propietarios de sus tierras, pero en su mayoría no cuentan con este documento.
Otros analistas afirman que la falta de servicios bancarios rurales no es problema exclusivo de los grandes bancos, sino un complejo mar que tiene que ver con la oferta, la demanda, la institucionalidad y las regulaciones.
Además de los productos, la oferta de servicios bancarios a través de sucursales o cajeros automáticos en Latinoamérica no invita al optimismo. Según FELABAN en El Salvador existen 4.83 sucursales y 13.32 cajeros automáticos (ATM) por cada 100,000 habitantes. La media latinoamericana anda en 8.45 en sucursales y 14.98 en ATM.
Los datos reflejan que las instituciones financieras en varios países prefieren llevar cajeros que sucursales a los lugares. FELABAN agrega que los ATM no abundan en las zonas rurales.
Estudios también critican el hecho de que en Centroamérica, a excepción de Costa Rica y Panamá, han desaparecido los bancos estatales, y los que quedan en su lugar, conocidos como de desarrollo, son figuras de sistemas financieros comerciales con fondos del Estado. “En una serie de países, la atención a las poblaciones rurales está altamente cubierta por la banca pública”, dice FELABAN y cita el ejemplo de Colombia, donde casi el 50% de sucursales en zonas rurales pertenece al Banco Agrario.ee