Esa fue la segunda vez en un año que Timoteo, originario de Comalapa, Chalatenango, fue detenido.
“Mi mamá me dejó con mi abuela, que me quiere mucho, y ella me habla por teléfono dos veces al mes desde los Estados (Unidos)”, cuenta Timoteo. “Nos manda algún dinero para vivir y tengo varias fotografías de ella y de dos hermanitos más chicos que yo, que nacieron allá, pero yo quiero verla y abrazarla y vivir en los Estados (Unidos)”, dice.
Su madre, Rosa Aracely Torres, salió de Comalapa hace 11 años y radica desde hace nueve en San Francisco, California, en donde trabaja limpiando casas.
A su papá, Bernardo Barrios, no lo recuerda, y su madre le ha comentado que murió cuando él apenas tenía dos años y medio. Su madre le ha enviado en dos ocasiones dinero para el viaje a EUA, pero asegura que no ha contratado el servicio de ningún coyote.
“Las ganas de una madre de abrazar a su hijo y tenerlo a su lado después de años de no verlo no las detiene nadie, aunque pongan miles de policías en las fronteras”, dice.